Documental.

En el caso del documental hay que matizar que tendencias muy distintas de la no ficción se dieron cita también en la Sección oficial. Un cortometraje de resistencia política lleva las palabras del poeta cubano exiliado en Madrid, Raúl Rivero, al pueblo para el que escribió. Un acto poético mejor planteado en su idea original que ejecutado en su forma final: Un hombre que escribe de Carlos Hernando Sánchez. Emparentado con El ruido del mundo, por la reflexión sobre la creación musical que plantea, Negro sobre blanco, de Enrique Caruncho, explora las ideas del director de orquesta Ramón Torrelledó sobre su manera de concebir la sensibilidad musical rusa. Una película que parte de esta premisa sugerente para acabar en un retrato de Torrelledó que se adueña de la obra.

Espina. Historia de un regalo fallido, de Andrea Morán nos muestra por fin una visión femenina aportada al género del diario íntimo del que hemos hablado a propósito de El año pasado en Montreal. de Guillermo G. Peydró, o Diario Ruso, de Jorge Tur Moltó. En contraste con lo ya conquistado en el género y más cercano al universo objetual de Sophie Calle, el viaje es un punto de partida para reflexionar sobre la permanencia en el otro lado de la pareja. La espera y las construcciones mentales de su autora-protagonista tienen lugar entre las paredes de una habitación. Mientras, la película orbita alrededor de ese regalo que no pudimos entregar a quien quisimos y no sabemos qué hacer con él.

La visión más arquetípica de India; un caos visual y colorista nos es ofrecida con La alfombra roja, de Manuel Fernández y Iosu López. Este documental, que se hizo con el premio al mejor cortometraje PNR logrando un difícil consenso entre los Jurados, nos muestra cómo la esperanza de un sueño no se pierde aún en las circunstancias más adversas. Evidenciando su vocación internacionalista, esta película reúne los ingredientes para la difícil fórmula de crear una historia con llegada a todos los rincones del mundo: ser la cara B de una superproducción cinematográfica celebérrima, acercarnos al universo infantil para mirar con otro ojos la honda problemática social de los Slum, e insuflar una esperanza a las conciencias estáticas occidentales sobre los problemas de ciertos países que se viven y conocen como una fábula exótica.

Animación

Un caso similar al documental ocurre con las películas de animación a concurso. Desde producciones ambiciosas y complejas hasta ideas profundas animadas en la soledad entre cuatro paredes, la animación española pasa por un buen momento creativo aunque industrialmente viva bajo el disfraz de que luce El mago de Oz antes de ser descubierto como farsante. Gernika, de Ángel Sandimas, es un cortometraje que basándose en la versión de la obra de Picasso por José Luis Zumeta y Mikel Laboa, recrea el ataque contra civiles por parte de la Legion Cóndor alemana. Es reseñable la textura de película en blanco y negro creada en 3D y la intención de dar una nueva lectura a un suceso que nunca se debería olvidar. Por su parte, Bajo la Almohada, de Isabel Herguera, es el último estadio de un proyecto artístico más amplio que pone en movimiento dibujos de niños internos en una clínica india. Una oportunidad irrepetible de captar los sueños de infancia y de insuflarles la vida de la que normalmente carecen.

En las antípodas, Fuga, de Juan Antonio Espigares, es un notable trabajo de animación, lleno de hallazgos, que van desde su estética miscelánea hasta su concepción de película grande. La factura espectacular de las imágenes, la música omnipresente como hilo conductor, la animación de las cámaras así como lo ambicioso de la propuesta que convierte en imagen real todo lo trazado previamente, dota a este corto de un envoltorio tan enorme que pareciera que estamos presenciando el comienzo de un largometraje.

Sangre de Unicornio usa la animación para desplegar una historia psicológica. Con una forma y unos motivos aparentemente infantiles, Alberto Vázquez y Pedro Rivero han creado una película llena de ingerencias basadas en el posthumor, lo gore y lo trágico. El contraste entre el dibujado mundo de algodón con la dureza de los diálogos y las propias voces que los pronuncian da como resultado un relato postmoderno basado en aquel tema clásico de la narrativa: la relación entre dominador y dominado.

Por su parte El ruido del mundo, de Coke Rioboó, es una película en la que un músico nos traslada el sentimiento íntimo de su creación. Este ejercicio de soledad obtuvo el Segundo premio a cortometraje PNR del Jurado. Una pieza de animación atípica por su extenso metraje, por su técnica con plastilina original y poética, y también por otorgar al cine de animación la potestad para hablar de sentimientos e impulsos creativos de los que no siempre se encuentra al día.

El premio del público fue a parar fuera de la Sección oficial a Durandal, de Juanma Romero, una historia de barrio con un excelente personaje protagonista y que irrumpe como en una obra de teatro para hacernos reflexionar sobre los límites de la confianza en el prójimo. Es y será gracias al público por lo que el cine nunca será diezmado, aunque lo evite mutando como una especie en constante evolución.

Samuel Alarcón

 

Publicado en la revista Cortosfera.

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