El Festival de cine de Madrid PNR que desde hace 22 años organiza la Plataforma de Nuevos Realizadores este año tuvo por lema El cine como especie en peligro de extinción. En la guerra de la actual administración contra la cultura en la que el frente más castigado es el cine ya han caído varios festivales que dependían de alguna subvención pública para su subsistencia.

Esta edición del Festival PNR salió hacia delante por el empeño y dedicación de sus organizadores, encabezados por Sonia de Carlos y Montserrat Santalla y por el trabajo, en casi todos los casos desinteresado, de decenas de colaboradores. Mención a parte merece el entregado trabajo de la presentadora de los pases Amanda Guadamillas que ofrece a cada proyección un que va más allá de lo cinematográfico. Con una propuesta de cine independiente con ambiciones de taquillazo, tanto es su sección de largos o de cortos, el festival es un buen indicador del estado del cortometraje español por el amplio ámbito cuya selección abarca. Sin pretender etiquetar, este eclecticismo no sólo se refiere a los géneros de la familia cine sino también a tendencias y ambiciones distintas en cada rama.

La corriente internacionalista que ha buscado nuevos mercados fuera del como vía de financiación del largometraje español se refleja en el cortometraje. Bajo una línea general impulsada por las nuevas tecnologías digitales se suscriben un gran número de cortometrajes rodados en inglés y con un lenguaje visual acorde al modelo comercial anglosajón. Trabajos como Presence required, La alfombra roja, Marion, About Ndugu, The Acrobat, Inertial love, Bajo la almohada, Los perfeccionistas o El paraguas de Colores, han seguido esta filosofía, independientemente del género, con guiones sorpresivos aunque no siempre sorprendentes, facturas muy notables y el inglés como lengua esperanto audiovisual. Las razones las encontraremos quizás en la intención de facilitar la llegada de estos cortometrajes a circuitos internacionales. También en que los autores tengan más comodidad a la hora de presentar una tarjeta de visita a lugares fuera de España en los que se den más oportunidades al talento y por último en la creencia de algunos productores de que apuestan por caballos aparentemente ganadores. Podemos añadir a este grupo, salvando la excepción del idioma, títulos como Fuga, Efímera, El otro o 30 segundos. En resumen, este fenómeno es un efecto más de la globalización audiovisual que, aunque tarde, llega a España dejando un cine homogéneo y desarraigado que acaba empadronado a todas partes y a ninguna.

Si comenzamos el repaso a la Sección oficial a concurso en la ficción, las consecuencias de la crisis económica han calado en el género desde perspectivas distintas. Cercano al clasicismo y con un ambiente novelesco, Jeremías, de Nicos Beatty esboza un personaje muy complejo con pocos trazos: un intelectual de izquierdas al borde de la indigencia en el final de su vida. Quizás confunda su autor la elección del metraje para contar esta historia, que apunta a ser más el prólogo de un largo o de una serie que un cortometraje autónomo. A New Way Of Life, de Mikel Mas, toca el tema desde la caída en picado de un ciudadano que ve como, poco a poco, se irá viendo privado de las virtudes de un Estado del bienestar muy cercano a la falacia.

Una realización sólida y una reflexión sobre la capacidad del mundo de las artes como posible salida ante el malestar social. Narrativas de corte más clásico son aún una oleada que abunda en el panorama corto como muestran trabajos como Ahora, no, de Elia Ballesteros y Kate Campbell. Se trata de un cortometraje de época que se engarza como un melodrama de buena escuela española del género, con actuaciones convincentes y un guión que explora bien el formato corto en sus tempos aunque no aporte sorpresas a la historia narrativa de la España del S XX. Papá se ha ido, de Sonia Sebastián ejercita una puesta en escena sencilla y una dirección de actores íntima con un guión de Elvira Lindo que no despliega el potencial que muestra en la novela. Por su parte Mi ojo derecho, de Josecho de Linares es un emotivo cortometraje realizado con sinceridad y que nos cuelga un Pepito Grillo en el hombro para enfocar las relaciones familiares desde la perspectiva matriarcal ya casi perdida en nuestra sociedad.

El paraguas de colores
El paraguas de colores, de Edu Cardoso

I feel lost, de Juan Manuel Aragón García, es un retrato de las peculiaridades que se descubren conviviendo en pisos compartidos. Una comedia con apropiadas interpretaciones de sus actores y una dirección de arte que me recuerda a millones de pisos de estudiantes que cualquiera pueda haber visitado. En contraste, Quiero, de Bernat Gual es una película que nos habla del mérito de aquellos padres que no se resignan a que sus hijos lleven una vida normal a pesar de la dispacidad. Y para terminar este personal catálogo, El paraguas de colores de Edu Cardoso es un colorista thriller contado en primera persona con tono de novela negra. Con una fotografía que nos recuerda al Affonso Beato de Almodóvar y una trama que crece gracias a la acertada puesta en escena, nos deja con ansias de más cuando llega el final de su metraje.

Aún dentro de la ficción y en el género anacional del que hablábamos al comienzo, nos encontramos trabajos como The Acrobat, de Gerardo Herrero, Inertial Love, de los Hermanos Alenda, o Efímera, de Diego Modino que nos muestran grandes talentos para crear productos comerciales para salas y que llaman la atención por su potencial tensión publicitaria. En esta línea El Otro, de Jorge Dorado, de quien no nos cansamos de ver el corto La guerra y en el que también colabora con Luiso Berdejo en el guión, es un relato más convencional que trabajos anteriores. Con una notable ambientación y elección de localizaciones, El otro abunda en una historia ya visitada por el género del thriller en manera y fondo que la sensación de ser algo ya visto nos viene en mente al presenciarlo. Los perfeccionistas, de Tucker Dávila Wood encaja en esta corriente pero con un sesgo mucho más pop que los antes mencionados a través del humor y el cariño hacia la profesión del actor.

Encontraremos en la sección también algunos ejemplos de un cortometraje de humor poco elaborado y gamberro, a mi juicio más cercano al sketch televisivo que al género de la comedia como Ciudadano Torralba Redux, de Suso Hernández, o Pequeños electrodomésticos, de Manuel Arija, lo que no quiere decir que no sean capaces de arrancar risas a algunos públicos.

En un terreno de innovación narrativa, Deus et Machina, de Koldo Almandoz nos sitúa en un día de trabajo de un artesano industrial que crea magia a los mandos de unas enigmáticas máquinas. La sugerencia lleva lo concreto de la narración a un plano más conceptual en el que el discurso central podría llevarse hacia lo político, con un retrato frío de la relación entre obreros y directivos. En un espacio híbrido entre la innovación y la anacionalidad, Marion, de Julian Zuazo, es una experiencia visual y sensorial de notable factura y de bella inmersión en la virtualidad. Un universo fundamentalmente masculino en el que podemos elegir el punto de vista, el ambiente, la música, así como la compañía, pero bajo los límites de la técnica cinematográfica. Este mundo, se nos presenta como un limbo del que sabremos poco a poco más, hasta desenmascarar la realidad que encierra.

About Ndugu
About Ndugu, de David Muñoz

About Ndugu de David Muñoz continúa la original fórmula de rescatar una obra de ficción como punto de partida. Ya lo vimos sobre Jim Jarmusch en Otra noche en la tierra y en esta ocasión toca a Alexander Payne y su About Schmidt, completando de manera intemporal la cara oculta de este largometraje. Rodada cerca de Nairobi, Muñoz pone en marcha un dispositivo en el que realidad y ficción se complementan con puestas en situación entre actores no profesionales del lugar. El resultado es una obra con potencial internacional, humor y ternura que arrancó una Mención Especial al Jurado. Para cerrar este bloque dedicado a la ficción es necesario volver al universo personal de Chema García Ibarra y su tercer trabajo Misterio, al que esta revista dedicó un amplio estudio.

Samuel Alarcón

 

Publicado en la revista Cortosfera.

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