Publicado en la revista Cortosfera

En estos últimos años asistimos a nacimientos, muertes o involuciones de festivales relacionados con el audiovisual en toda España. Algunos se crean al amparo de intereses político-culturales, apoyados por alguna subvención. Otros aparecen como algo natural e inevitable, empujados por la motivación de compartir buen cine entre los vecinos de una localidad. En el caso de las Islas Canarias, el panorama tras el desmantelamiento del Festival de La Palmas deja a decenas de certámenes más pequeños sin una sombra a la que cobijarse. Muchos salen adelante como iniciativas personales y desinteresadas, y en muchos casos, salvando trabas y zancadillas para poder mostrar cine. Tenerife Shorts nace así como festival de esta naturaleza con el fin de llevar a la isla lo mejor del cortometraje europeo y americano, articulando un eje que tenga como punto vascular el cráter del Teide.

Se celebraró entre el 5 al 8 de septiembre en el TEA, Tenerife Espacio de las Artes, y contó con una sección internacional a concurso y diversas paralelas con atención a festivales punteros por el riesgo y calidad de sus secciones. Cabe destacar la muestra con los 14 nominados por la Academia Europea de Cine (EFA) de la pasada edición, que incluyó el título ganador Superman, Spiderman o Batman (Tudor Giurgiu, Rumanía). También el ciclo itinerante del longevo festival de cortometrajes alemán de Oberhausen, con sus propuestas experimentales, así como con una retrospectiva de cine canario en corto que reivindica a cineastas como Alberto Delgado, Javier Gómez Tarín, Juan Puelles, Josep Vilageliu, Miró Mainou o Luis Sánchez-Gijón Cañete, y que arraiga la tradición cortometrajística a Tenerife. Se ofreció además un programa de cortos de infancia para introducir a los niños a estos metrajes de combustión rápida.

En la sección internacional a concurso, nos encontramos títulos que hemos podido ver y comentar en esta revista como Los retratos (Iván D. Gaona. Colombia), The Devil (Jean-Gabriel Périot), Mou Ikkai (Atsuko Hirayanagi, Japón/Singapur), Prematur (Gunhild Enger. Noruega), además de los españoles ya multipremiados Misterio, de Chema García Ibarra, y A story for the Modlins, de Sergio Oksman.

Misterio
Misterio, de Chema García Ibarra

Potentes historias cortas son las que llegan a la sección desde Latinoamérica. Además de la película colombiana Los retratos, Dizem que os caes veem coisas (Guto Parente, Brasil) pone en escena un relato de Borges en el que el no-tiempo y la irrealidad se construyen como un castillo de naipes. Un falso montaje de atracciones desmonta la película al tiempo que avanza. Se crea así un discurso mental que hace reflexionar sobre la clase social opulenta.

Kendo Monogatari (Fabián Suárez, Cuba/Guatemala) nos trae una historia realista en la que las ilusiones sobre un futuro mejor en otro lugar se mezclan con imágenes de exotismo lejano como en Mifune, de Søren Kragh-Jacobsen, pero más a través de la televisión que del recuerdo de infancia. Salón Royale (Sabrina Campos, Argentina) es una película en la que la palabra es el elemento referencial para contar. Como en el primer Antonioni de Cronaca di un amore, los sucesos carecen de importancia más allá de lo que se pueda contar de ellos. Junto al diálogo un montaje arriesgado en cuanto a su concepción de la elipsis remata un acabado en cierta medida inusual. En Ni una sola palabra de amor, el argentino El niño Rodríguez, saca un rendimiento notable de un documento sonoro encontrado en una cinta de cassette. Extraer unos sentimientos enlatados en los mensajes de un contestador para ponerlos en escena y teñir la obra de una cierta teatralidad es regalarnos una historia encontrada, potenciada y hecha gran cine en formato corto.

En Un mundo para Raúl (Mauro Mueller, Suiza/EEUU/México) podemos ver cómo también como en lenguajes narrativos clásicos México está en un estado de forma excepcional. El salto de la infancia a la madurez es un tema literario y cinematográfico desde tiempos modernos. Esta película nos ofrece un guión cuidado y unas interpretaciones muy convincentes. El conjunto nos hace reflexionar con cierto naturalismo literario sobre el cambio de sociedad desde los modelos decimonónicos hasta hoy mediante la psicología de clase en dos niños amigos.

Un mundo para Raul
Un mundo para Raúl, de Mauro Mueller

De Europa junkyard (Hisko Hulsing, Bélgica) nos cuenta en animación una historia que podría ser la hermana urbana de Un mundo para Raúl ya que nos muestra las diferencias sociales que crearán una fractura en una amistad mediante un determinismo social implacable. Con una estética cercana al anime el director lleva a terreno occidental motivos orientales que nos muestran una apocalíptica visión de la metrópolis neocapitalista nacida en los 80. En el intenso híbrido Liza Namo! (Oksana Buraja, Lituania), la vida cotidiana de una niña de arrabal se eleva a poema en el sentido más pasoliniano. Así el mundo de la borgata lituano, con sus miserias sociales y el mundo del arte, que hace esfuerzos por asomarse a ese desolador páramo social a través de la música y la naturaleza, se dan encuentro en los ojos de una niña incapaz de disolver todavía ambas realidades. Una película que rompe las barreras de realidad y ficción para crear cine puro.

Australia nos trae un cortometraje de animación minimalista que pudimos ver en Clermont Ferrand, Mud Crab (Sheldon Lieberman e Igor Coric). Pero también una joya experimental con The River (Tarquin Netherway, Australia) que nos muestra el mundo juvenil desde la óptica rebelde del adolescente. Lo hace a través de un crisol de rupturas narrativas que van desde la manipulación explícita del propio metraje, hasta una sobresaliente edición que deja algunas secuencias en segundos pero con el mismo peso que las de minutos de duración.

The giant
The giant, de David Raboy

Desde Norteamérica, dos destacables propuestas: Atlantic Avenue (Laure de Clermont, EEUU/Francia) convierte el cortometraje en un momento de remanso para vidas ancladas a un espacio. Un personaje femenino en silla de ruedas demuestra su capacidad para dar libertad de movimientos a un chapero que a pesar de poder caminar, no goza de la autonomía para hacerlo. Una inversión de papeles que nos demuestra que en la vida la capacidad no es sólo cuestión de física. Pero sobre todo The giant (David Raboy, EEUU), es una película que nos devuelve al trauma del adolescente americano que abandona su hogar de infancia para comenzar su juventud en otro lugar. Lejos de la nostalgia del cine comercial norteamericano de los 80 en este ámbito, The giant, aprovecha el argumento para hablar de los miedos más profundos arraigados en la primera adolescencia, tanto personales como la inseguridad, la aceptación o rechazo en el colectivo, como sociales en los primeros encuentros sexuales o los temores periféricos que se acaban materializando en un rostro que bien podría ser el del mismo pánico.

Otros trabajos a concurso son Chef de Meute (Chloé Robichaud, Canadá), Land of my dreams (Yann González, Portugal/Francia), Penny Dreadful (Shane Atkinson, EEUU), Ellen is leaving, de la neozelandesa Michelle Savill (Mejor Ficción en SXSW 2013) y el documental polaco The whistle con el que Grzegorz Zariczny se alzó con el Gran Premio del Jurado en Sundance.

La sesión especial de apertura incluyó con los cortometrajes Souvenir (Gerardo Carreras, España), La cantante (Rafael Navarro, España), Au voir (Toni Barrena, España) y Mariana, primer cortometraje del rumano Cristian Mungiu. Tenerife Shorts, una iniciativa merecedora de apoyo y seguimiento por su labor de difusión del cortometraje de alta visibilidad y en definitiva de la cultura en las islas afortunadas.

Samuel Alarcón

 


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