La revolución no será televisada, pero ¿será cinematografiada?. Hoy en día se televisa lo que el poder dice de la revolución y se cinematografía lo que el usuario de una cámara de video o de un smartphone crea que merece ser registrado como prueba. No estamos ya en tiempos de La batalla de Chile: El 15M lo ha demostrado. Ahora que se cumplen dos años del comienzo de la acampada que provocó un cambio de conciencia político a nivel global, quiero reflexionar sobre la forma cinematográfica en la que se ha materializado el movimiento.

Seguramente la Puerta del Sol de Madrid fuera el lugar en el que más registros de video y fotografía se han tomado de manera simultanea frente al mismo acontecimiento durante mayo de 2011 y eso sin contar otras ciudades del país o del extranjero. Es muy probable que pueda competir en cuanto a número registros de video y de puntos de vista con unos juegos olímpicos en una estadística imposible de cuantificar. Mientras en los grandes eventos deportivos existe una narración oficial a la que se suman videos amateurs de los espectadores, en un contexto como el del 15M, una versión oficial es rechazada de base. La pulsión de rodar nace con la naturalidad con que nace el acto de manifestarse.

A esto hay que sumar el paulatino desmantelamiento del broadcast en virtud del amateurismo en los lenguajes de la comunicación audiovisual. Lo profesional es un valor en desuso a nivel estético y también a nivel laboral. Se prefiere la inmediatez a la calidad técnica y esto es algo que jamás se le habría pasado por la mente a la industria audiovisual de finales del S.XX. Quizás el hecho de que las imágenes más reproducidas de comienzos del XXI fueran el atentado contra las Torres Gemelas en Manhattan, rodadas por turistas con sus cámaras domésticas, hizo reflexionar al respecto.

El 15M ha sido grabado con dedicación y con minuciosidad por cientos de participantes, curiosos, simpatizantes, cineastas consagrados y noveles. Con toda seguridad se han almacenado más horas de vídeo que las que duró el acontecimientos en tiempo real. Piezas como Video-derivas: Sol de Flavio G. García trabajan esta idea de manera incisiva. La utopía del Cine-ojo se ha hecho realidad hasta el punto de que una comisión del movimiento ofreció la posibilidad de centralizar los contenidos frente a la masa de brutos que empezaba a acumularse. De la experiencia podemos ver gran cantidad de fragmentos filmados y colgados abiertamente en Cine sin autor del 15M además de en otros lugares de la red.

Pero lo que personalmente entiendo como cine no acaba en el fragmento, sino en la la creación de un discurso sobre lo filmado y en la voluntad de dar forma a los brutos obtenidos (aunque el criterio sea la falta del mismo). Los cineastas que han encapsulado las vivencias del 15M han tenido que luchar, en primera instancia, por construir desde un magma interminable de imágenes en movimiento no controladas (como nunca ocurriría en la ficción de manera paradigmática) y en segunda, contra la incierta trascendencia del movimiento del que todavía nos falta perspectiva histórica. Este último punto me parece fundamental para categorizar las películas que han salido del 15M dado que mientras se rodaban el espíritu dominante era de cambio social, pero posteriormente mientras se han montado, el espíritu vencedor se ha tornado en dudas de su utilidad. Esto ha provocado muchos abandonos en la carrera por cerrar una película.

En una línea de participación y de alineamiento ideológico con el movimiento tenemos algunas películas tempranísimas como Ensayo de una revolución de Pedro Pablo Sara y Antonio Labajo, que retrata la acción de ocupar la plaza y dialogar en Cádiz. Como experiencia cinematográfica recoge información de las iniciativas que llevan a cabo los movilizados así como las primeras ideas de posibilidad de cambio con un lenguaje muy cercano a la publicidad. Se nos ofrecen un relato urgente pero sin la estética y el mensaje descarnado que encontraremos en películas posteriores. Alberto Reverón y Amira Bochenska focalizan la atención en la marcha que se organizó para reivindicar en Bruselas los postulados del movimiento en la línea de trabajo que Sara y Labajo. 15M: La marcha indignada, celebra la iniciativa y documenta el paso de la misma por diferentes ciudades resaltanto los valores positivos en los que los autores creen de forma militante en el momento de rodar y montar. Dormíamos, despertamos de  también trabaja en este sentido pero desde la acampada de Sol donde retrata las labores llevadas a cabo por los indignados en un cortometraje con fuerte carga emocional. El gran maestro Basilio Martín Patino celebra el movimiento con un gozo inusitado en Libre te quiero. El cineasta con mayor experiencia en cine político de todos los que rodaron la Puerta del Sol es quien de más perspectiva histórica disponía para enfrentarse al problema de captar el movimiento, como ya hizo con Madrid. Sin embargo hay quien hubiera deseado un espíritu más nervioso tras ver la película y también quien sospecha ciertas crisis en montaje y postproducción a raíz de los toscos efectos de infografía hacia el final de la cinta. Con independencia de esto, creo que tenemos suerte de que alguien como Basilio haya estado ahí, aunque sea para ejercer de contrapunto a miradas más mordaces. Quizás porque sabe que la revolución debe ser cinematografiada para que posteriores generaciones la lean en positivo, realiza un retrato de la felicidad, de la expresión ciudadana libre y de la ausencia de miedo. 15M. Excelente revulsivo, importante de Stéphane M. Grueso rueda la plaza con la complicidad de los protagonistas del origen de la acampada. En forma didáctica y con documentación propia de un serio reportaje periodístico, es probablemente la película más afín al movimiento en cuanto a la oficialidad del mensaje de las que he podido ver. Los testimonios de quienes abrieron la primera cuenta de twitter de la acampada, de los que decidieron quedarse la primera noche en Sol, o de los que comenzaron a dividir el trabajo en comisiones, están recogidos en este documental con vocación de perdurar en el tiempo como cápsula de lo que vivieron los actores principales de una película colectiva. A pesar de su defensa como visión personal de la autora, creo que es extensible a muchos más: A aquellos que se implicaron en organizar, proponer y reivindicar que la protesta tuviera el mayor impacto en la ciudadanía. No obstante, si quisiera que alguien conociera lo ocurrido el 15 de mayo de 2011 en Madrid, esta sería la película que propondría para empezar.

En una segunda categoría podría enmarcar aquellas películas que tratan de construir un discurso crítico-constructivo. Ja arriba el temps de remenar les cireres de Jorge Tur centra su atención donde las miradas oficiales no reparan durante la huelga general del 29 de marzo en Barcelona. La singularidad del acto de manifestarse y su valor como gesto performativo queda registrado en contraposición a la idea de bloque que sugieren las películas antes citadas. Comenzamos a observar rupturas formales como la desincronía entre imagen y sonido o la autoreferencialidad del autor como sujeto observador sin más medios ni ayuda que una cámara en la mano. La matança del porcde Isaki Lacuesta, establece un discurso de trabajo con el pasado. Este dispositivo se lleva a cabo a través de imágenes en Super-8 tomadas por un cineasta amateur en el marco de las primeras elecciones democráticas tras el franquismo. Una conversación telefónica con él nos ofrece un relato desprovisto de entusiasmo, de talante materialista y que invita a la reflexión al leerlo en contraposición con las imágenes del presente en las plazas. Vers Madrid (The Burning Bright)! es una película rodada a temporadas en Madrid por Sylvain George. Mediante capítulos diferenciados observa el 15M a través del devenir del tiempo que condujo al 25M. El autor empatiza con el movimiento a través de una conexión psicológica con el gesto emocional de cada persona que se manifiesta en la Puerta del Sol. Esta individualización del verbo, de la canción o de la danza, es el prólogo a la confrontación por la que pasará la ciudadanía en los acosos posteriores al congreso. Las cargas policiales son recogidas con gran pundonor y retratan de manera hiperrrealista la violencia policial de la era Rajoy hasta en los alientos de los manifestantes que huyen por las calles del Barrio de las Letras en Madrid. En un potente blanco y negro que, como en sus anteriores películas, busca abstraer la realidad, George asimila también el ojo del cinematógrafo urbano que, como en los años 30, quiere escribir el poema de una ciudad aunque ésta arda. De violencia policial nos habla también Guillermo G. Peydró, que en un capítulo de Las variaciones Guernica rescata las imágenes de la brutal carga policial del 27 de mayo de 2011 en Barcelona. El autor contrapone filmaciones del lienzo de Pablo Picasso con videos recolectados en la red, donde el poder fáctico en formas diversas abusa reiteradamente del pueblo.

Con dificultad para despegar una tercera categoría de la anterior, encuentro en tres largometrajes y en un cortometraje, cierto carácter de reflexión cerrado insitu a la hora de tomar las imágenes o bien a la hora de encontrarlas. Banderas Falsas de Carlos Serrano Azcona, es un ensayo sobre el 15M que hace hincapié en el acto de concentrarse. Igual que Stéphane M. Grueso, Serrano Azcona contextualiza el movimiento, pero lo hace con manifestaciones muy dispares y cercanas en el tiempo como la celebración de la victoria de España en el Mundial de fútbol de Sudáfrica en 2010, la visita del Papa Benedicto XVI a Madrid en 2011 o las protestas en la Plaza del Zócalo de Mexico contra la especulación con el combustible fósil. Los formatos de vídeo se mezclan dando lugar a diferentes texturas en las que se colecciona la diversidad de punos de vista. Los efectos sonoros y la música elegida imprimen a las imágenes y a los vítores una trascendencia ambigua que nos hace sospechar de la misma naturaleza del acto de manifestarse. El autor realiza este mismo 2013 otra aproximación al 15M cerrando un díptico con Falsos horizontes, obra que recoge el discurso que se generó en la plaza. Lejos de cristalizar las voces que llevaban la corriente oficial, se presta atención al discurso de corrillo, a las conversaciones entre acampados y a las explosiones de ideas que brotaron de quienes enontraron en la Puerta del Sol el foro que no habían tenido antes. El autor es crítico con los clichés que flotan en los discursos e indaga mediante entrevistas hasta llegar a la razón para estar ahí que subyace en la mente del acampado. Igual que en Banderas Falsas, Falsos horizontes está sobrevolada por un helicóptero de control, que además de ser índice del poder político, adquiere un cariz casi religioso. También la pieza de Flavio G. Gracía titulada Video-derives: Air vigilance enfatiza esta imagen de pantocrator sacado de los absides para convertirlo en un enorme ojo en su versión más abyecta. 50 días de Mayo (Ensayo para una revolución) de Alfonso Amador  focaliza la atención en el micrófono de la asamblea central del 15M de Valencia. Con esta premisa la cinta fija la evolución del discurso en su versión más oficial, pero también más expontánea. Amador ha sabido recoger a través de la palabra la esperanza y la efusividad iniciales así como su tránsito hacia la toma de conciencia de lo que el movimiento podía llegar a realizar. Las iniciativas organizativas, el hecho de que el deseo de horizontalidad convertía en irrealizables las ideas más pragmáticas, el cansancio físico y mental de los acampados y la creciente desesperanza, son audiovistos desde la butaca del cine como si el espectador fuera un asistente a la propia asamblea, pero con la ventaja de la perspectiva. Este cansancio también se traduce en la forma de la película, en la que hacia el final se aguantan largos planos desenfocados que nos indican que el operador estaba desatendiendo la cámara fruto del agotamiento. Los registros de lo dicho ante el micrófono cierran cualquier posibilidad de cambiar un discurso que se recoge más pesimista a medida que avanza el metraje. Los asistentes a aquella y otras asamblea no se planteaban que la carrera sería de fondo.

Muchas son las películas que se me quedan fuera de este post, bien poque no he visto o bien porque aún no han sido estrenadas. Indignados del veterano Toni Gatlif, Dormíamos, despertamos, de autoría colectiva (que proyectan estos días en Madrid) o también 15M: Málaga despierta de Rakesh B. Narwani y Laura Rueda (estos días en el Festival de cine de Málaga). También es justo mentar aquellas de las que no he tenido noticia y que seguro que están ahí esperando para expresar una voz y una mirada más. No debemos olvidar las películas en las que el movimiento aparece como contexto de otra narración. Ocurre en Mapa de León Siminiani o Los mundos sutiles de Chapero Jackson. En cuanto al cine de ficción, seguro que no tardará en aparecer alguna peli futurista en clave de comedia romántica en la que un padre cuenta a su hijo cómo conoció a su madre en una acampada indignada. Hasta ese momento estaré feliz de que todas y cada una de las películas citadas hayan sido producciones independientes fuera de una industria que bastante se acobardó con las represalias por decir No a la guerra en los Goya de 2003.

Si alguien espera que con el tiempo aparezca la película definitiva del 15 M es que no ha entendido bien de qué va todo esto. Ni siquiera en casos como el de Patricio Guzmán con La batalla de Chile se puede decir que una única voz sea la que tiene potestad para contar la verdad sobre un acontecimiento, aunque hoy en día esté considerada así. La plularidad de miradas sobre una revolución ideológica no sólo demuestra una conciencia democrática, sino también el ansia de preservarla. Deberíamos alegrarnos de esto.

 

Algunas de las películas citadas serán proyectadas el próximo 15 de Mayo en la Cineteca, en un programa titulado Spanish revolution? comisariado y organizado por Docma.

 

 

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