Hace unos días Alta films anunciaba su cierre. Se acabó el tiempo de la distribuidora que tanto hizo por la cultura en este país. Unas cuantas generaciones que habitábamos en las ciudades propicias para la industria de la exhibición descubrimos nuevas formas de hacer cine contemporáneo; en primera instancia avalado por filmografía de autores o movimientos ya consagrados a nivel mundial; en una segunda por nacionalidades con cines emergentes; y en una tercera, por autores que aun con un sólo título ya merecían que fuera mostrada en las salas. Citar experiencias con películas concretas supondría sumir este post en la nostalgia y eso está muy lejos del objetivo de estas líneas que pretenden omitir títulos y nombres propios para reflotar ideas.

Una semana antes de este anuncio surgía una plataforma de cine online llamada PLAT, como las siglas del laboratorio del cineasta Val del Omar (Picto lumínico audio tactil). Se presentan casi 200 títulos con vocación de crecer en número. Obras que no llegan habitualmente a las salas comerciales y que dificilmente se encuentran fuera de festivales o de la escena del cine independiente. Sus condiciones de uso son la apertura, la gratuidad y la legalidad. La naturaleza experimental del proyecto consiste en observar la reacción de la sociedad ante una iniciativa no comercial y que ofrece cultura por el gusto de dar a conocerla. He colaborado con la cesión de casi todas mis películas con la ilusión de que este portal supla mi falta de capacidad para difundir y exhibir cada una de ellas.

Que en tan breve intervalo caiga un emblema de la industria y nazca un alternativa a la misma no entra en el diseño original de la propuesta, pero resulta altamente significativo. PLAT pretendía dar una posibilidad de visibilidad al cine español que no se exhibe, pero el que se exhibe ha perdido su herramienta más fuerte de difusión: Alta films. Lo que ha nacido como complemento se queda sólo ante la caída del mainstream. Si cae lo industrial es que no genera lo suficiente ya no sólo para resultar lucrativo sino además para su mantenimiento empresarial.

Este pasado fin de semana se anunciaban además los peores datos de taquilla de los últimos tiempos para el cine en España. Sólo una película de animación norteamericana en 3D mantiene el tipo al tiempo que Disney anuncia el despido de los animadores del departamento del 2D. La industria del 3D en España a pesar de los éxitos nacionales e internacionales de las películas de Kandor Graphics en colaboración con Green Moon España, también pasa por dificultades. Habrá que hacer una excepción al reciclaje de arqueólogos de los 80 para reventar taquillas con su versión 3D, aunque los resultados artísticos no estén a la altura de la recaudación.

La pregunta es ¿dónde queda el margen de negocio del cine si el público sigue viendo películas? La alternativa de PLAT es la de la difusión gratuita, pero en el futuro se vislumbra el lucro unidireccional de las operadoras de telefonía y proveedores de internet fruto del intercambio de cultura entre cineastas y espectadores. El hombre o mujer de cine pasa, como ya lo hizo el músico, el artista escénico y el plástico, a tomar conciencia no sólo de que su obra nunca se exhibirá comercialmente, sino de que su industria no crecerá. Muchos de nosotros nos mantenemos o sobrevivimos en trabajos ajenos a las citadas ocupaciones, que son con las que realmente palpitamos.

¿Solución? Me quedo con la de PLAT. Cultura para todos con la esperanza de formar espectadores a nuevas maneras de ver. Por suerte o desgracia, en cuanto sean consumidores, atraerán los ojos de la nueva industria que resurja. Arte e industria siempre han corrido juntas. Han habido épocas de encuentro y épocas de desencuentro. El arte a menudo se ha intoxicado con su comercialización cuando ésta la vulgariza y es el público quien se resiente antes que la taquilla. Estamos tocando techo y fondo en este sentido porque nos encontramos en pleno cambio de modelo. Con más o menos dinero nunca se deja de hacer cine y siempre habrá alternativa para exhibirlo sobre todo en la era de internet. El lucro en la red dejará de ser algún día monopolio de los servidores de banda ancha. Recordemos que el ciberespacio es una parcela recien descubierta. Esto es algo para animarse a seguir.

 

 

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