Recientemente Vertigo 50 (2009) de José Cabrera Betancort ha sido elegido como corto del mes por la revista cinematográfica Pragda. No es de extrañar que tres años después de su primera proyección en una sala de Lavapiés, este ejercicio de pornografía sentimental, como lo llama el propio Jose, siga siendo reconocido como uno de los más interesantes cortometrajes de su año y también de la década pasada en el libro retrospectivo que Jara Yáñez escribe para Alcine en 2012. Una radiografía íntima sin prescripción médica ni copago.

Quizás todo era más sencillo de lo que planteábamos en las charlas entre clases a finales de los 90. Guillermo Galván, Javier Cardenete, Máximo Tiezkievich, Javier Rivas, el propio Jose y yo debatíamos sobre el corto que haríamos. ¿Pretendeis cambiar el cine? Apuntaba Jose ante la lluvia de ideas irrealizables con los medios a mano. Lo cierto es que lo que nos encontraríamos después no nos dejaría otra alternativa. No ha sido como habíamos pensado pero hemos cambiado el cine, aunque sea porque no se puede hacer como entonces.

No hizo falta que saliera de las aulas para que su primer cortometraje retratara ese ambiente ilusionante que vive un universitario. Be-cerooocho-ge (2006) plantó la semilla de un cine autorreferencial, crudo,  lo-fi  e íntimo que Jose desarrolla en sus siguientes trabajos. Una semilla como las de diente de león, que son livianas y apenas visibles, pero de las que la atmósfera cinematográfica española se empezó a llenar por aquella época.

 

Yo te prefiero (2008) es una película que quiso ser videclip. Sus referencias cinéfilas, la proyección del amor y lo frívolo y rutinario de ciertas relaciones de pareja en el nuevo siglo, no hacían sino reafirmar  un estado mental que muchos compartíamos en aquel 2008. En este trabajo, ya desde el guión, el montaje  se configura como un bisturí con el que ahondar en los sentimientos a través de un viaje en el espacio-tiempo. Y no va de ciencia-ficción, ojo.

Tras Vertigo 50, When in Bucarest (Do as the romans do) (2011) puede leerse como el capítulo que cierra un díptico ligado a la vida del autor en aquellos años. Se trata del retrato de una vida nómada, a caballo entre Roma, San Francisco, Tenerife y Bucarest, como la de muchos jóvenes de este país que vimos en no echar raíz la mejor opción de promocionar talento donde fuera apreciado. Esta película salpica los ojos del que la ve con recuerdos, guiños sociales y personales. En definitiva instantes furtivos compuestos como en un libro de haikus.

Seguro que me falta aún perspectiva para encuadrar La caja de Medea (2012) en la filmografía de Jose, y aún más en la mía. Cuando le conté en 2009 qué relato quería adaptar al cine desde hacía años y volvió con un borrador de guión a los pocos días, no pensamos que costaría tanto materializarla. Un salto al vacío para los dos, que trató de unir estilos y trayectorias para alumbrar una rara avis que aún debemos digerir.

Lo que también tengo seguro es que su siguiente trabajo, Darsena (2013) reafirmará más aún un estilo propio, polémico y agudo. Un estilo con el que se le conoce más adentro que con el trato a lo largo de los años.  También que será una más de las naves ardiendo que navegan hacia el futuro incierto del cine de este país, tan escindido como invisible, que se adentran en las oscuras aguas de las tierra incógnita excluida de los viejos mapas.

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