La sensibilidad artística de un hombre, o tal vez de una mujer de neandertal es algo que no se cuestiona cada día. Incapaces de imaginar a unos primos anteriores en la cadena evolutiva con tales capacidades desde nuestro estadio Sapiens, seríamos presa del racismo más exacerbado si conviviéramos con ellos hoy en día . Ante la inutilidad de este tipo de hipótesis, pocas cosas como la fascinación del espectador que se abra paso en la cueva de Cahuvet, pesará en su juicio del hombre prehistórico.

El cine, una vez más, está donde el conocimiento necesita. Es el incuestionable vehículo para hacer llegar a la humanidad a un espacio de cuatrocientos metros cuadrados cuando sólo unos pocos lo pueden pisar. Nos lleva a admirar una sensibilidad que nos acerca a otra especie, si se acaba probando que sus autores eran artistas neandertales. En plena revolución paleontológica y con los datos  sobre la posible datación de las pinturas rupestres de las cuevas de Altamira, que las colocarían de confirmarse en unos 40.000 de antigüedad, la película de Werner Herzog, La caverna de los sueños olvidados (2010) aparece en un momento de urgencia. Porque es urgente saber que el arte es lo que mejor habla de una cultura y de una especie.

Los finos trazados de hollín que rodean y trazan figuras de mamíferos prehistóricos, no sólo aportan el realismo hace 32.000 años a la historia del arte, aportan lo que Godard atribuyó en sus Histoire(s) du cinema a Manet al admirar los rostros de sus pinturas: El deseo de la llegada del cine. Si bien no hay palabras que se queden en la garganta de los leones, caballos y rinocerontes de la cueva de Chauvet, sí que podemos admirar sus bramidos, sus movimientos, sus deseos e intenciones. La psicología del animal estuvo intacta 32.000 años para ofrecernos lo que los huesos no cuentan, al menos de manera tan evidente.

El fantástico documental de Herzog, no sólo nos invita a compartir la sensibilidad artística del paleolítico. Nos la ofrece como regalo de lo hermoso de existir y de crear. El 3D, alejado del mainstream de efectismos y velocidad, es otro presente que nos hace el equípo de la película para sentir el interior de la cueva. Más rudimentario y menos brillante que el de Ice Age, nos acerca con más honestidad al objeto de conocimiento. Diría que sólo nos falta el olor si no dedicaran un capítulo al sentido más básico del ser humano, invitando a un veterano creador de perfumes francés a visitar Chauvet. Puestos a pedir, La caverna de los sueños olvidados podría haber jugado más y mejor con el recurso técnico del sonido envolvente, por terminar el repaso a los sentidos dado que tacto y gusto se encargan de las palomitas. Efectivamente es la sala de cine comercial el lugar apropiado para viajar miles de años al pasado. Si no aprovechamos la oportunidad de ver esta generosa película en cines 3D nos arrepentiremos durante otros 32.000 años hacia el futuro.

Enlaces de interés:

http://www.culture.gouv.fr/fr/arcnat/chauvet/es/index.html

http://www.wernerherzog.com/

Categories: Noticias

Leave a Reply


Partners

  • La caja de Medea
  • Jose Cabrera Betancort
  • Éxodo - Estudio de fotografía
  • Colectivo Filmo